Qué acostumbrados hemos estado siempre a la frase «Mujer, tenías que ser» cuando las mujeres hemos sacado la cabeza para hacer algo considerado fuera de lo normal.
Ya sea conducir, liderar un proyecto, dirigir una empresa, inventar una patente o, simplemente, rebelarse contra el status quo del matrimonio, la casa y la maternidad.
Con motivo del Día Internacional de la Mujer, queremos presentarte la historia de cinco mujeres increíbles que, con su tesón, su ímpetu y su fuerza, cambiaron para siempre la belleza y la estética profesional. Porque sin sus pasos ni su trabajo, el sector nunca sería cómo lo conocemos actualmente. Sigue leyendo y descubre su legado.
Harriet Hubbard Ayer: la primera mujer en crear un imperio cosmético
Si pensamos en marcas de cosmética con nombre de mujer por su fundadora es posible que nos vengan a la mente Elizabeth Arden o Helena Rubinstein. Y sí, si bien ambas fueron pioneras en crear imperios cosméticos que aún hoy en día perduran, a finales del siglo XIX hubo una mujer revolucionaria para su tiempo y su época que les allanó el camino: Harriet Hubbard Ayer.
Harriet Hubbard Ayer no solo fue una de las primeras empresarias del sector de la cosmética, sino que también fue una adelantada a su tiempo. En unos años en los que el divorcio era una utopía, Harriet se separó de un marido alcohólico y se mudó como madre soltera de Chicago a Nueva York, conviviendo con sus dos hijas en la Gran Manzana, donde trabajaba como dependienta e interiorista en una tienda de antigüedades.
En uno de sus viajes de trabajo a Europa, Harriet conoció en París a un químico responsable de crear la crema facial que usaba una de las socialités francesas de la época: Madame Recamier. Y ahí Harriet cambió su destino: pidió al químico la receta de la fórmula del cosmético y a su vuelta a Estados Unidos se propuso replicar las mismas cremas faciales para el mercado americano: así nació en 1886 Recamier Toilet Preparations, Inc., su propia empresa cosmética que incluía cremas, bálsamos, esencias, cepillos y jabones y con la que llegó a facturar más de un millón de dólares al año.
Y a pesar de que Harriet Hubbard Ayer perdió su empresa tras ser internada en un sanatorio por sus hijas y, una vez recuperada su salud mental, terminó sus días como reputada periodista, es innegable que inventó un nuevo modelo en la industria cosmética americana, inaugurando la industria de la belleza y del cuidado personal para las mujeres, y anticipándose a la cultura de consumo moderna identificando a las mujeres como consumidoras, haciendo de la compra un hobby y de la cosmética una necesidad.
Magdeleine Thenault-Mondoloni: la primera dama de las esteticistas
Cuando hablamos de mujeres que han cambiado la estética no nos referimos solo a las que lo han hecho desde la perspectiva de negocio, creando imperios cosméticos, sino también a las que lo han hecho desde dentro, dignificando la estética como profesión.
Es el caso de la cosmetóloga francesa Magdeleine Thenault-Mondoloni, conocida como la primera dama de las esteticistas. Y es que el Thenault-Mondoloni siempre defendió el trabajo de la esteticista más allá de la vanidad con la que suele verse el mundo de la belleza, destacando su papel como rol vital en la sociedad, mucho más allá de simple consejera de tips de maquillaje, cosmética y peluquería.
Nacida en 1921, a Magdeleine le debemos que la estética se estudie como profesión profesional, ya que durante su presidencia en la Federación francesa de Esteticistas de 1960 a 1970 logró establecer las primeras certificaciones profesionales a esteticistas en Francia. Además, también fundó escuelas, peluquerías e institutos de belleza, lo que la llevó a realizar charlas, seminarios y workshops de estética profesional en Alemania, Grecia, Italia, España, Portugal, Canadá, Estados Unidos, Senegal, Japón, China, Brasil, Marruecos y Algeria.
En Karicia, que trabajamos codo con codo con las profesionales de la estética más formadas, las esteticistas, le debemos mucho a Magdeleine Thenault-Modolini por su trabajo y su legado.
Lydia Sarfati: la inventora de los tratamientos con algas
Lydia Sarfati nació en Polonia y emigró con sus padres a Estados Unidos a principios de los años setenta, cuando la familia se estableció en Nueva York. Tras estudiar cosmetología, Lydia empezó a trabajar como formuladora de maquillaje en Nueva York, lo que la llevó a ver en primera persona la necesidad y la importancia del cuidado de la piel antes del maquillaje. Tras trabajar como esteticista en balnearios, decidió abrir su propio One-Day-Spa en Nueva York, un concepto revolucionario y único en la época, en el que los clientes se relajaban en el spa durante un día entero, con tratamientos que no solo cuidaban su piel, sino también su mente y su espíritu.
Tras el éxito de su propio spa, Sarfati decidió introducir en él nuevos tratamientos y fue entonces cuando, sin quererlo, revolucionó la estética mundial. Uniendo su pasión por la belleza con su amor por el mar, Lydia Sarfati investigó el poder las algas en el cuidado de la piel y lanzó protocolos basados en algas marinas, combinando ingredientes naturales con investigación y desarrollo.
El resultado fue todo un boom en el mundo de la estética, lo que llevó a Sarfati a ser reconocida por asociaciones de esteticistas, medios de comunicación y a impartir formaciones propias en protocolos a base de algas marinas para esteticistas de todo el mundo. Hoy en día, son millones las profesionales que se han formado con su método y Lydia sigue en activo: al frente de sus clínicas de estética, sus formaciones y su propia marca, para la cual cuenta con un centro de fabricación propio, ingredientes patentados y un avanzado equipo de investigación y desarrollo.
Barbara Walden: las pieles negras en el punto de mira del gran consumo
Nacida en 1930 en el seno de una familia negra de Nueva Jersey, Barbara Walden desarrolló una corta carrera como bailarina y actriz en el Hollywood de los años sesenta y setenta, compartiendo pantalla con artistas de la talla de Mickey Rooney, Paul Newman, Charlton Heston o Shirley MacLaine.
Pero, a pesar de su formación como actriz y bailarina, su profesión no fue por lo que finalmente Barbara Walden será recordada para siempre. Durante las largas sesiones de maquillaje para sus trabajos en Hollywood, Barbara era una de las pocas mujeres negras que solía haber en los elencos de esa época, por lo que las maquilladoras tenían que adaptar los tonos de maquillaje y los productos desarrolladas para pieles blancas en su piel oscura. ¿El resultado? Los maquillajes de Barbara siempre hacían que su piel se viera opaca, recargada y, en definitiva, antinatural.
Finalmente, fue ella misma quien decidió poner una solución a su problema: desarrollaría su propia línea de maquillaje. Contactó con un amigo de su padre que era químico y empezó a probar fórmulas de bases de maquillaje hidratantes, específicas para pieles negras.
En 1968, con solo 350 dólares de presupuesto, Barbara lanzó al mercado la marca Barbara Walden Cosmetics, Inc. que empezó vendiendo sus productos puerta a puerta, al estilo de otras muchas marcas de la época, como la legendaria Avon. Sin duda, un modelo de negocio que funcionaba en los sesenta, ya que solo dos años después de su fundación, en 1971, la compañía ya facturaba 350.000 dólares.
Además, a principios de los setenta la marca podía también adquirirse en grandes almacenes de Los Angeles, Nueva York, Chicago y otras grandes ciudades de Estados Unidos, haciendo accesible sus productos a mujeres negras y democratizando por fin el cuidado de la piel negra.
Sue Y Nabi: de diva trans a la CEO más deseada del sector de la belleza
Sue nació en Argelia y desde pequeña la apasionaron el maquillaje y las estrellas del cine y de la música. Con 13 años ya se disfrazaba y se maquillaba, una pasión por la belleza que la llevó a ser directiva de Lancôme, CEO de L’Oréal, a lanzar su propia marca y a ser la gerente de Coty Internacional durante cinco años, uno de los conglomerados de perfumería más importante del mundo.
La historia de Sue Y Nabi es la de la eterna mujer triunfadora que acaba siendo directiva después de escalar muchos puestos y trabajar duro… si no fuera porque Sue no nació llamándose Sue, sino que Youcef. También siendo hombre se mudó muy joven a París, después de haber estudiado ingeniería y marketing en Argelia. Y también siendo hombre entró en L’Oréal, dirigiendo primero la rama L’Oréal Paris y más tarde Lancôme. Suyo fue el fichaje de Jane Fonda para la marca a los 68 años, una reivindicación de la madurez y de la edad que aún hoy es recordada por muchos. Mérito suyo también fue la introducción de mujeres latinas en la publicidad del gigante francés, como Eva Longoria o Penélope Cruz.
Pero mientras Youcef escalaba en su carrera y se convertía en un profesional de éxito en el sector, también su interior cambiaba, empezando su propia transición de hombre a mujer. Así nació Sue. El resto, es historia de la belleza.
Lejos de quedarse escondida en la recámara, Sue Nabi decidió contar su historia y mostrar su cara públicamente, además de participar en eventos inclusivos para la comunidad LGTBI, como Love 4 All, lo que la ha llevado a convertirse en todo un modelo a seguir para las mujeres trans.







