No hay cosmética sin ciencia: mujeres que revolucionaron la ciencia

Mujeres científicas

La ciencia y la cosmética van de la mano: somos química, átomos y ciencia. Y sin ciencia, no hay cosmética. A lo largo de la historia de la Humanidad han sido muchas las mujeres que han revolucionado la historia de la ciencia con sus descubrimientos, mucho más allá de la archiconocida historia de Marie Curie. Sin embargo, en la mayoría de los casos sus logros han sido silenciados, minorizados, reconocidos por sus colegas hombres o, en el peor de los casos, por sus maridos (que nada tenían que ver con el mundo científico).

El número de investigadoras y científicas premiadas con un Premio Nobel desde que los galardones empezaron a entregarse en 1901 no llega a la veintena. A este prejuicio de menospreciar los logros cometidos por mujeres en diferentes ámbitos sectoriales se le conoce como “efecto Matilda”. Y a pesar de que hoy en día la brecha salarial de las mujeres en la ciencia no es tan grande como lo ha sido a lo largo de la historia, todavía queda mucho trabajo por hacer para reconocer sus méritos y su trabajo. Un ejemplo: en la última edición de los Nobel, una vez más, ningún nombre de mujer entre los premiados… y no es que fuera por falta de candidatas. Mucho nos queda todavía por avanzar.

Hoy, 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, queremos rendir homenaje a una selección de estas mujeres científicas cuyos descubrimientos, trabajo y logros consiguieron cambiar la ciencia, el mundo y, por consiguiente, la belleza.

Las que están no son todas las que son, pero son una representación de algunas cuyos logros nos permiten hoy en día disfrutar de la cosmética natural, de la experiencia de la rutina de skincare y cuidar la salud de la piel.

Hipatia de Alejandría

Nació alrededor del año 360 en Alejandría, Egipto y es considerada la primera mujer matemática de la que se tiene conocimiento en la historia, aunque también fue filósofa, maestra y astrónoma. El invento más importante que se le atribuye es el densímetro, un instrumento de medición que calcula la densidad relativa de los líquidos.

A pesar de su inteligencia y logros, Hipatia tuvo un final trágico, que la convirtió en una mártir de la Filosofía. En marzo de 415, una grupo de cristianos ultra ortodoxos interceptó a Hipatia cuando volvía a su casa, le arrancó la ropa y la arrastró hasta una iglesia cercana donde fue asesinada y descuartizada, para luego quemar sus restos por considerarla demoníaca. Finalmente, sus asesinos justificaron la atrocidad sosteniendo que Hipatia era una peligrosa hechicera.

Caroline Lucretia Herschel

Nacida en 1750 en Alemania, fue una astrónoma que diseñó telescopios y, junto a su hermano, descubrió e identificó una gran cantidad de estrellas, cometas y constelaciones del sistema solar. Sin embargo, a pesar de que hoy en día se la considera la primera astrónoma profesional, los méritos públicos de los logros de los hermanos Herschel se los llevó William, el hermano de Caroline Lucretia. A pesar de ser la primera mujer en descubrir un cometa, tuvo que esperar hasta 1835 para ser reconocida como miembro de honor de la Royal Astronomy Society británica. Tenía 85 años, pero fue de las pocas mujeres científicas reconocidas en vida y en su propia época.

Marie-Anne Pierrette Paulze-Lavoisier

La científica Marie-Anne Pierrette Paulze-Lavoisier
Marie-Anne Pierrette Paulze-Lavoisier y su marido

Conocida como la “madre de la química moderna”, junto a su marido, químico de profesión, trabajó alrededor del flogisto un concepto proveniente de la alquimia que se usaba para determinar un supuesto elemento presente en los compuestos inflamable que se liberaba durante la combustión. El flogisto era algo imposible de medir con precisión y que daba a los elementos que se quemaban propiedades difíciles de predecir, manteniendo a esa química incipiente en un estado confuso y con cierta irracionalidad.

Antoine, marido de Marie-Anne, y ella misma, criticaron siempre estas teorías y demostraron que los elementos cuando arden responden a variaciones medibles y predecibles. Ambos, con la colaboración de otros científicos, desarrollaron una nomenclatura sistemática para referirse a las sustancias químicas y sus compuestos.

Mary Meara Chase

Nacida en 1869 en Illinois, EE. UU., se la considera una las agrostologistas más destacadas del mundo. La agrostología, también llamada graminología, es una rama de la botánica que se dedica al estudio científico de las gramíneas (el bambú, entre ellas) o pastos. Las aportaciones de Mary A. Meara Chase contribuyeron a que el herbario de gramíneas se convirtiera en una fuente para la investigación taxonómica de estos vegetales de toda América. Además, sus investigaciones llevaron al desarrollo por parte de los científicos agrícolas de cosechas alimenticias más nutritivas y resistentes a enfermedades.

Además de clasificar miles de plantas de alrededor del mundo, Mary Meara Chase fue también un ejemplo de lucha por los derechos civiles de las mujeres y por apoyar a jóvenes interesadas en la ciencia. Cabe recordar que en su época, el único lugar reservado para las mujeres en sectores de la ciencia como la botánica era como ilustradoras. Además de sus fuertes convicciones socialistas, Chase también fue una sufragista convencida y llegó a formar parte de las “Centinelas del silencio”, un grupo de mujeres estadounidenses organizadas para defender el derecho al sufragio femenino.

Alice Ball

Nacida en 1892 en Seattle, mujer y afroamericana, abrió puertas que nunca nadie antes había abierto. Fue la primera mujer y la primera afroamericana en obtener un título máster en la Universidad de Hawái. Pero su mayor logro fue desarrollar un tratamiento para la lepra que se convirtió en el más utilizado hasta que en la década de los años 40 se comercializaron los primeros antibióticos.

Alice Ball empezó a investigar una cura para la lepra, una enfermedad infecciosa que afecta a la piel, los nervios y las mucosas. Durante siglos, la Medicina tradicional China e Hindú usaba el aceite de chaulmoogra, un árbol que crece en Asia, como tratamiento para la enfermedad. Sin embargo, al no poder penetrar en la piel, el efecto no era profundo. Además, tampoco podía inyectarse, ya que no era soluble en agua. Pero Alice Ball encontró la solución: logró extraer los principios activos del aceite de chaulmoogra, llamados ácido chaulmógrico y ácido hidnocárpico, creó el primer remedio soluble en agua e inyectable con el que tratar a los pacientes de lepra. Sin embargo, durante su investigación inhaló gases tóxicos que le provocaron la muerte. Solo tenía 24 años.

Alice Ball nunca llegó a ver cómo su método se convirtió en un remedio para la lepra. Además, debido a su muerte prematura, estuvieron incluso a punto de usurparle su investigación: el científico Arthur L. Dean, continuó con sus investigaciones, publicó los resultados y quiso bautizar el descubrimiento de Ball como el método Dean. Algo que finalmente no ocurrió y el remedio se llamó “Método Ball”. A pesar de ello, el nombre de Alice Ball pasó desapercibido durante décadas hasta que en los años 2000 (90 años después de su muerte) la Universidad de Hawái le realizó el homenaje que merecía: colocando una placa en su honor junto a un árbol de chaulmoogra en el campus.

Rachel Carson

Según palabras de un catedrático de Ecología: “sin el libro de Rachel Carson, hoy seguramente no existiría Greenpeace”. El libro al cual se refiere es “Primavera silenciosa” y se considera el germen de un nuevo conocimiento sobre el lugar de la especie humana en el mundo para promover nuevas políticas y conductas en pro del medio ambiente.

Rachel Carson nació en 1907 en Springdale, Pennsylvania y fue bióloga. Preocupada por los efectos dañinos del insecticida conocido como DDT, empleado en Europa y el Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial para controlar los insectos que transmitían enfermedades, como el mosquito de la malaria, los diversos insectos del tifus o las pulgas de la peste, Carson empezó a investigar sus efectos. El resultado de su investigación fue la resolución de la primera conciencia sobre los efectos de la Revolución Industrial y las conductas del ser humano en la tierra: los tóxicos, la contaminación y sus efectos.

Su libro, publicado en 1962, reza párrafos tan vigentes hoy en día que es escalofriante:

[…] por primera vez en la historia del mundo, todo ser humano está ahora en contacto con productos químicos peligrosos, desde el momento de su concepción hasta su muerte… Se han encontrado en peces en remotos lagos de montaña, en lombrices enterradas en el suelo, en los huevos de los pájaros y en el propio hombre, ya que estos productos químicos están ahora almacenados en los cuerpos de la vasta mayoría de los seres humanos. Aparecen en la leche materna y probablemente en los tejidos del niño que todavía no ha nacido.

Rachel Carson, Primavera Silenciosa

Elizabeth Blackburn

Bioquímica australiana, nacida en 1948, Blackburn descubrió la telomerasa, una enzima que forma los telómeros durante la duplicación del ADN. Lo que descubrió es que la secuencia única de ADN en los telómeros, la determinan el envejecimiento y degradación de los cromosomas.

Al parecer, los telómeros se acortan con el paso de los años o por efectos internos, como el estrés. Este acortamiento causa degradación celular, lo que genera la aparición de arrugas, flacidez y demás signos de la edad. Una mayor actividad de la enzima telomerasa mantiene la longitud de los telómeros y esto a su vez permite tener una apariencia más joven del ser humano. Gracias a estos descubrimientos, hoy en día somos capaces de entender mejor el proceso del envejecimiento.

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